lunes, 24 de noviembre de 2014

Dispositivo y fuga. Primera parte



 El síntoma resiste al Amo

            Desde la promulgación de la Ley 26.657 se ha planteado el surgimiento de un “cambio de paradigma” en “Salud Mental”. La prohibición de la creación de nuevos “manicomios” promoviendo lugares alternativos de internación y atención, servicios de inclusión sociolaboral, atención domiciliaria supervisada, apoyo a grupos familiares y comunidades, casas de convivencia, familias sustitutas, etc; constituyen el eje de una nueva modalidad por la cual se ha venido luchando desde hace muchos años y que implicaría un avance en la atención y los derechos.; sin embargo no debemos perder de vista que en nuestra época existe una creciente categorización de “enfermedades mentales” (DSM) en alianza con la industria farmacéutica que ofrece fármacos para cada categoría ampliando enormemente la cantidad de “enfermos”, lo que implica que quizás los muros del manicomio se derrumban pero para extender sus fronteras hasta cada uno de los hogares de los – cada vez mas -“enfermos”, lo que implicaría una mutación del internado hacia el reforzamiento del control social de las poblaciones facilitado por las categorías de enfermedad, el fármaco y el control médico - estadístico.

                Sería conveniente realizar un breve recorrido relacionando algunas corrientes teóricas con el psicoanálisis para preguntarnos si en la actualidad la anulación de los “manicomios” implica necesariamente la caída de la manicomialización o nos encontramos ante una mutación y especialización de la misma acorde a una época marcada por el biopoder y el abordaje farmacológico de las poblaciones. Si algo de esto sucede - como en cada viraje del discurso del Amo – es importante repensar la posición de los analistas que trabajan en Salud Pública o regulados por diversos dispositivos de abordaje, para orientar la práctica de una forma que convenga.

                En este breve abordaje histórico relacionaremos algunas corrientes críticas guiándonos por tres lógicas organizadoras de distintos momentos: El giro político de los 60’: la crítica sobre el poder El discurso del Amo y el Dispositivo – Síntoma y Biopolitica

El giro político de los 60´: la crítica sobre el poder

                La Segunda Guerra Mundial, el holocausto del pueblo Judío, el genocidio del pueblo Armenio, las purgas Stalinistas – entre otros horrores – no fueron sin consecuencias para cómo se comienza a pensar el mundo a mitad del siglo XX. Roberto Espósito[1] señala que la noción de Persona (en su triple matriz teológica, jurídica y filosófica) se constituirá en eje  de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 como forma de intentar reconstituir la conexión entre el derecho y la vida, de allí en más se produce una irradiación a las ciencias más allá de que “la noción de persona no está en condiciones de subsanar el extraordinario hiato entre vida y derecho, entre nomos y bios, porque es ella misma la que lo produjo”[2]

                Sobre la década del 50 y comienzos de los 60 adquiere una dimensión muy importante el problema del poder. Jacques Lacan lo introduce directamente en el título de uno de sus escritos más leídos:”La dirección de la cura y los principios de su poder”[3] reconociendo que en la cura el analista detenta un poder pero ¿qué es lo que hace con él? Por lo pronto plantea un lugar para el analista que no sea el del padre, lo que implica otro estatuto para el sujeto llevándolo a distinguir el deseo del psicoanalista de la contratransferencia.  A partir de este deseo singular se apuntará al real que causa el deseo en el analizante para trabajar provocando la máxima diferencia entre el Ideal y lo que denomina objeto a. En “La ética del psicoanálisis”[4] concluirá que si el Otro no existe respecto de mi goce no queda más que cargar con la culpa sobre yo (je), ya que de lo único que uno puede ser culpable es de ceder a su deseo.

                1961 es un año donde aparecen una serie de textos sobre la enfermedad mental y el poder, que marcarán los debates de toda una época (y que aún hoy son referencias obligadas). Erving Goffman publica “Internados”[5], Michel Foucault su tesis doctoral “Historia de la locura en la época clásica”[6], Franz Fannon “Los condenados de la tierra”[7] y Thomas Szasz “El mito de la enfermedad mental”[8].

                Goffman va a plantear a la Institución Total como un depósito de seres que perdieron su condición humana. En el Manicomio todos los aspectos de la vida de la persona se desarrollan en el mismo lugar y bajo una única autoridad. Las actividades se realizan en conjunto, el trato y la actividad es homogénea. La actividad diaria está programada, secuenciada y normatizada… el no – hacer también es parte del programa. Las actividades se organizan en un Plan creado para lograr los objetivos propios de la institución. Goffman dice que “los pacientes mentales pueden encontrarse por el peso de un Ideal de servicio que a las personas no allana la vida” y esto se ve claramente en los ideales sanitarios –higiénicos, alimenticios, conductuales y sociales - que se convierten en exigencia para los internos

                Michel Foucault publica su tesis doctoral “Historia de la Locura en la Época Clásica”, “El Nacimiento de la Clínica”[9] y “Las Palabras y las Cosas”[10], que podrían caracterizarse como estudios de campo. La primera trata el proceso histórico social de cómo el loco se transforma en enfermo mental, objeto de estudio de la psiquiatría. La segunda de las condiciones que posibilitaron el discurso de la clínica y el conocimiento del sujeto enfermo. Y la tercera, constituye una arqueología de las ciencias humanas. La Sociedad Disciplinaria planteada por Foucault  se ocupa de la vigilancia, control, corrección y normalización del loco incluyéndolo forzadamente mediante el secuestro institucional de su cuerpo y su tiempo personal.

                Por su parte Franz Fannon en “Los condenados de la tierra” afirma que el proceso de curación es una “deshumanización sistematizada” siendo el acto terapéutico por excelencia la aceptación del sistema. Opina que el psiquiatra en tanto testigo de la experiencia de internación y de quienes son despojados de voz y saber no le queda otro camino que ser revolucionario. Cuestiona la relación médico – paciente como relación de poder definida por el sistema, compara el sistema manicomial con el colonial donde la relación sería la del conquistador y el colonizado.

                Thomas Szasz en “el mito de la enfermedad mental” planteará que la psiquiatría se dedica a la descripción de conductas perturbadoras y las nombra como enfermedades cuando esto no puede ser probado científicamente, por lo que no serían verdaderas enfermedades. Ya en esa época cuestionaba el sistema de construcción diagnóstica de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM), donde a partir de propuestas y votos se definía – y así se lo sigue haciendo- las enfermedades mentales. En una conferencia que se encuentra en youtube se lo puede escuchar en el año 2007 diciendo que cuando él estudiaba las enfermedades mentales eran muy pocas y que en la actualidad ascendían a más de 300. Szasz denuncia a la psiquiatría como modo de control del Estado.

                En 1966 se publica la tesis doctoral de Georges Canguilhem titulada “Lo normal y lo patológico”[11] que pega en el centro de la idea de “normalidad”. Para Canguilhem la salud y la enfermedad no son entidades que se disputan el dominio de un ser vivo, sino distintas condiciones biológicas de un organismo. No existe una ciencia de “lo normal” sino ciencia de las situaciones y condiciones biológicas llamadas “normales”. Para Canguilhem no es posible primero crear la ciencia de la fisiología y luego derivar de ella la patología; no es posible definir lo normal como un hecho y no todas las diferencias entre lo normal y lo patológico son cuantitativas sino que también las hay de calidad. La salud no es la verdad del cuerpo sino la verdad de un cuerpo singular, no hay un universal de salud como verdad del cuerpo, lo único universal de la salud es lo social.”La enfermedad es la verdad del hombre, el síntoma es la verdad del hombre”. El discurso higienista (que se presenta como un saber caracterizado por prescripciones para proteger, asegurar y reforzar la salud) es básicamente una ambición de control socio – política –médico, señalando que “la salud pública se opone a la salud subjetiva”

                Franco Basaglia[12] es reconocido como uno de los padres de la desmanicomialización. Lo que no es tan conocido es en qué sustentó su práctica cuestión que no es sin consecuencias al menos en nuestro país, por lo que nos ocuparemos un poco más de su trabajo debido a la influencia de sus presupuestos en muchas de las prácticas desmanicomializadoras que lo utilizan como referencia, y en la Nueva Ley de Salud Mental . La pregunta que nos guiará en este momento es ¿cómo entiende la cura?

                Para Basaglia la lógica de un mundo sano y otro enfermo va contra una lógica de un mundo con multiplicidad de expresiones. La referencia a Jaspers en su humanización del paciente, su intento de acercamiento y comprensión, el cuestionamiento a la incomprensibilidad del esquizofrénico, marcaran un modo de abordaje donde se desplazará la mirada del mundo a cómo el mundo se le presenta al sujeto lo que da lugar a estructuras y modalidades diferentes con las cuales la existencia humana se presenta en el mundo. La influencia de Binswanger, Husserl y Heidegger no ocupan un lugar menor en este modo de entender al humano.

                Basaglia entiende como fundamental la dimensión de encuentro que permita conocer la modalidad existencial del enfermo no para evaluarlo y clasificarlo sino para conocerlo a través de su psicología y las leyes particulares que la gobiernan pudiendo observar al sujeto en su singularidad, fuera de la normalidad compartida… como vemos  hasta aquí difícilmente se pueda afirmar que el Proyecto Basaglia sea homogeneizante. Plantea dos momentos para la cura: (1) Comprensión y devolución de las potencialidades existenciales (2) Compensación estructural. El objetivo de la cura será que el individuo tome conciencia de sus perturbaciones y que pueda volver a la vida social de la que fue rechazado.

                En 1961 asume como Director del Hospital Psiquiátrico de Gorizia realizando una experiencia de desinstitucionalización:

-          Introduce fármacos en los tratamientos (clorpromazina) promoviendo el distinguir aquello que se relaciona con la enfermedad mental del deterioro producido por la institucionalización
-          Reeducación teórica y humana del personal
-          Reanudación de vínculos con el exterior
-          Derogación de barreras físicas (rejas, etc)
-          Apertura de puertas (open door)
-          Creación de un Hospital de Dia
-          Intenta organizar el hospital a la manera de una comunidad terapéutica (grupos de trabajo, club, escuela, elaboración de un periódico, vida de asamblea)

                En Gorizia se afirma que los institucionalizados no solo son los pacientes sino también los profesionales, por lo que se plantea una deconstrucción de la comunidad terapéutica. Las reuniones grupales son como un “lavado de cabeza al revés” donde se discute con los pacientes sobre la exclusión y falta de derechos. Su posición antiterapéutica muestra una extrema afirmación de la relación terapéutica[13] afirmando que “una relación debería ser  tanto más terapéutica cuanto más problemática sea la situación que viene a crearse por lo tanto, cuanto más alternativas estén presentes en el tipo de relación que se instaura” “en el juego comunitario están las contradicciones reales que son explotadas como posibilidades terapéuticas”. “El acto político reabsorbido como acto puramente técnico debe volverse político” dado que en el actual contexto social la ‘politización’ de la acción psiquiátrica sigue siendo aún “el único acto terapéutico permitido”. Colucci y Pietrángelo señalan que para Basaglia la politización es la única posibilidad de asumir la posición de testigo, de convertirse en sujeto ético, de abandonar la posición de quien “sabe”. Sólo en el caso de que la enfermedad sea puesta entre paréntesis “sólo desde ese momento, frente a esa desnudez, es posible intentar el reacercamiento del enfermo y de la enfermedad, antes de que una nueva ideología los recubra, escondiendo una vez más su verdadera naturaleza”. La puesta entre paréntesis de la enfermedad hasta tanto se cierren los manicomios, grito de lucha del movimiento desmanicomializador, paradójicamente terminó recubriendo la pregunta por la singularidad del sujeto que el propio Basaglia formulaba… y de eso él mismo se percató cuando surgió la Ley que se la conoce por su nombre.




[1] Roberto Espósito. “El dispositivo de la persona” Ed Amorrortu
[2] Ibid, pag. 59
[3] Jacques Lacan “La dirección de la cura y los principios de su poder” Escritos 2. Ed Siglo XXI
[4] Jacques Lacan. El Seminario 7: La ética del psicoanálisis. Ed Paidós
[5] Erwing Goffman “Internados” Ed Amorrortu
[6] Michel Foucault “Historia de la locura en la época clásica” Ed. Fondo de Cultura Económica
[7] Franz Fannon- “Los condenados de la tierra”. Ed. Fondo de Cultura Económica.
[8] Thomas Szasz.  “El mito de la enfermedad mental”  Ed. Amorrortu
[9] Michel Foucault. “El nacimiento de la clínica”. Ed Siglo XXI
[10] Michel Foucault “Las Palabras y las cosas”. Ed Siglo XXI
[11] Georges Canguilhem. “Lo normal y lo patológico”. Ed Siglo XXI.
[12] Mario Colucci – Pietrángelo Di Vittotio “Franco Basaglia”. Ed Perfiles
[13] Mario Colucci – Pietrángelo Di Vittotio. Op. Cit.

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