domingo, 14 de junio de 2015

Una lógica para el trabajo grupal (Primera parte)



Es común encontrarse que analistas de la orientación lacaniana realicen abordajes grupales tanto en Europa como en América Latina, cada uno de ellos con diversos objetivos. Muchas veces por razones de distintas demandas que desbordan a la salud pública, otras porque determinados significantes que circulan en lo social operan brindando la creencia de que gracias a ellos se podría lograr una especie de identidad grupal donde la semejanza sintomática y la “comprensión” de los pares, siendo este el motivo por el que alguien se acercará pensando en que solo por la conjunción de aquello de lo que padece evitará el encuentro con lo propio, aquellos disyunto que le damos el nombre de soledad del síntoma y punto de imposibilidad de representación. Gran parte de los abordajes grupales que circulan, a partir de un significante cualquiera que va desde el un arco que puede podría comenzar en las fobias y dar toda una vuelta hasta llegar al paradójico solas & solos, se organizan alrededor de la conjunción y no avanzan mucho más de allí, en una especie de “factor común” o “para todos” que anulan de forma engañosa la singularidad de cada persona, aquello que es disyunto, que pone el palo en la rueda de “lo grupal”.

Algunas nociones básicas para el abordaje grupal:

                Si un grupo se queda en el “para todos” es muy posible que se logre una cierta pacificación inicial producto de lo imaginario, pero su destino es el fracaso y en el peor de los casos el afianzamiento de los síntomas hasta tal punto que el sujeto pasa a formar parte de una comunidad de goce donde el significante que lo congrega ocupa el lugar del propio nombre: “Soy fóbico”, “soy anoréxico”, “soy solo”... Es necesario revisar algunos conceptos para entender que de un primer tiempo hay que pasar a otros que permitan a partir de la conjunción, la disyunción necesaria en la que el sujeto se encuentre con una pregunta propia, y con aquello que no enlaza. Las nociones que nos orientaran son las siguientes: La verdad, el tiempo, la configuración objetiva del grupo, la configuración subjetiva del grupo.

                Respecto de la verdad no la entendemos como un absoluto, sino como una verdad temporalizada que se produce no siendo inmutable. No nos orientamos por la oposición entre verdad y mentira, sino con la idea de que la verdad es variable.

                El tiempo ha sido un tema de gran importancia tanto en la ciencia como en la filosofía. La temporalidad en psicoanálisis no la entendemos como “duración”. Recordemos que Sigmund Freud planteará como una de las características de lo inconciente su permanencia en el tiempo mediante el mecanismo de “compulsión a la repetición” donde una y otra vez nos encontramos con lo mismo. Lacan dividirá dos tiempos, el primero donde entiende al inconciente como un saber al que denominará automatón y el segundo el inconciente entendido como sujeto que recibirá el nombre de Tyché, donde ubica al analista como testigo de una pérdida. Pasamos del inconciente de la repetición al inconciente sujeto como fenómeno discontínuo que tiene la temporalidad del relámpago.

                Al momento de definir lo que llamamos configuración subjetiva del grupo hacemos referencia a que en el desarrollo de los distintos tiempos del grupo nos encontramos por un lado con las identificaciones de cada uno de los sujetos y por otro con los distintos lugares que el sujeto va ocupando, definidos por Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” como modelo, objeto, auxiliar y rival. La compulsión a la repetición operará en contra de la producción de lo novedoso, estando una y otra vez en el mismo lugar, de allí la importancia de la posición del analista para que pueda suceder lugar alguna otra cosa.


                Respecto de la configuración objetiva del grupo tiene estrecha relación con lo que denominamos transferencia, la posición que ocupa el Sujeto supuesto Saber que introduce el tiempo de lo inconciente. Podemos decir que el grupo se articulará con la presencia del analista en el lugar de la pulsión.  Al ligarse la libido al analista a partir de la producción de nuevos sentidos se producirán modificaciones en ese trozo de real que es el inconciente, sólo a partir de esto nos encontraremos con la posibilidad de que el tiempo se articule en función de lo que denominamos inconciente sujeto  que como ya hemos visto no coincide con la repetición, sino con una pérdida. Jacques Alain Miller nos dirá que “El inconciente de la repetición es un inconciente intemporal u omnitemporal, mientras que la transferencia traduce la intromisión del tiempo en el saber y la introducción de algo que se llamará en Lacan el Tiempo Lógico, que es el tiempo lógico de la cura, el tiempo de la demostración de un real”

lunes, 24 de noviembre de 2014

Dispositivo y fuga. Tercera Parte.


Síntoma y Biopolítica.

                En los 70’ Michel Foucault se pregunta por qué una política de la vida amenaza siempre con convertirse en una acción para la muerte. La significación del  concepto de biopolítica nace marcado por la incertidumbre, junto al surgimiento de los Estados Nacionales que obligó al poder a ocuparse de la vida – de los ciudadanos - lo que implicó una estatización de lo biológico. En su seminario de 1975 – 76 conocido con el nombre “Defender la sociedad”[1] Foucault definirá dos formas de poder: (1) el poder disciplinario que se ejerce sobre el cuerpo (2) el biopoder que se ejerce sobre la población, la vida; términos más que actuales de la política en general y de la medicina en particular.

                Giorgio Agamben extenderá el concepto de biopolítica a toda la historia de la humanidad y a diferencia de Foucault pretenderá conectar el poder soberano con el biopoder. En la trilogía Homo Sacer: el poder soberano y la nuda vida[2] reintroducirá el concepto de Walter Benjamín poniendo de relieve lo que denomina como zona de indistinción entre la vida reconocida jurídica -  políticamente y la vida biológica. La “nuda vida” es vida  desprovista de toda cualificación siendo un concepto que permite inteligir diversidad de fenómenos sociales donde la vida es reducida a un cuerpo expuesto a la violencia: deportados nazis, inmigrantes detenidos, la cárcel de Guantánamo, enfermos terminales. La consecuencia de tratar al hombre como “mera vida” es que ésta puede ser sacada de cualquier contexto (histórico, cultural, político, social) y ser tratada como plan, proyecto, historia, residuo, objeto de experimentación siendo aniquilada sin que esto sea constituya delito.

                Otra trilogía (Communitas[3], Immunitas[4], Bios[5]), pero en este caso de Roberto Espósito introducirá una novedad que facilitará el acercamiento con el psicoanálisis. En Communitas (2003) considerará que “la comunidad no puede ser pensada como un cuerpo, una corporación, donde los individuos se fundan en un individuo más grande. Pero tampoco puede ser entendida como un recíproco reconocimiento intersubjetivo en el que ellos se reflejan confirmando su identidad inicial En los orígenes del término “communitas”  lo común define lo que no es propio y el munus la falta, la deuda, el don – de carácter obligatorio -  que ubica al sujeto en la dinámica del intercambio mandando a la retribución de bienes o servicios superponiéndose don y deber. Lo impropio caracteriza a lo común y esto no es sin consecuencias. “He aquí la cegadora verdad que guarda el pliegue que etimológico de la communitas: la cosa pública es inseparable de la nada. Y nuestro fondo común es, justamente, la nada de la cosa”. En el origen está la ausencia de origen, la laguna de la cual provenimos, el munus originario en cual nos constituimos. Luis Tudanca[6] dirá que en la comunidad “no se depone el síntoma –lo más singular, lo impropio de cada uno –para construir comunidad, se lo aporta, se lo dona, a lo común de la misma”; entendiendo que la comunidad es el agujero constitutivo perturbador de la institución siendo la amistad aquello que posibilita avanzar por sobre la rivalidad.

                La “Immunitas” es la respuesta protectora a un peligro, de allí que se sitúe entre la frontera interior/exterior, lo propio/lo extraño, lo individual/lo común. La immunitas es la negación del munus, la  ausencia de falta, deuda, don; es una dispensa con relación a la communitas portadora del munus. Immunitas es privilegio, constituye el lugar de excepción, condición de particularidad de un individuo o colectivo siendo su carácter esencial antisocial en tanto “interrumpe el circuito social de la donación recíproca al que remite, en cambio, el significante más originario y comprometido de la communitas”. Es una reacción contra el mal que supone debe enfrentar. “mediante la protección inmunitaria la vida combate lo que la niega, pero según una ley que no es la de la contraposición frontal, sino la del rodeo y la neutralización (…) es una inclusión excluyente o una exclusión mediante inclusión. El derecho se constituirá en el dispositivo inmunitario del sistema social. La immunitas se presentará de dos maneras (1) La ley como mediadora institucional –disciplinaria- (2) el dispositivo biopolítico  que tiende a eliminar cualquier tipo de mediación. Si la política toma la vida como objeto de intervención directa la misma termina reduciéndola a su puro contenido biológico. Immunitas implica el olvido del centro vacío en el cual se conforma la communitas. Como vemos, estos desarrollos impactarán directamente sobre el concepto de “Dispositivo”, pudiendo plantear  una “pulseada” entre lo inmunitario del dispositivo y la posibilidad de direccionarlo hacia la comunidad, dando lugar a lo singular.

                En el último texto de la tríada, “Bios”, Espósito buscará la relación entre biopolítica y filosofía afirmando que en Foucault estaría implícita una diferenciación entre una política sobre la vida y una política de la vida lo que le permitiría decir que existiría una Biopolítica negativa y una biopolítica afirmativa aunque no llega a definirlas precisamente. Para Espósito La biopolítica afirmativa, que por ahora solo se ven huellas es la que establece una relación productiva entre el poder y los sujetos: la que en vez de someter y objetivar al sujeto, busca su expansión y su potenciación. Para que el poder pueda producir, en lugar de destruir la subjetividad, tiene que serle inmanente no tiene que trascenderla”

                Del lado de la psiquiatría habría que preguntarse si lo “manicomial” se trata solamente del encierro o en la actualidad  con el avance de la industria farmacéutica y el control poblacional estamos asistiendo a una neo-manicomialización que no pasa por lo edilicio sino por la constitución de un sistema de vigilancia muy vasto conformado por instituciones no- todas que implica mayor control para la vida de los “usuarios”.

                Basaglia en los 70´toma nota del poder disciplinario y del biopoder, por ello con anterioridad a la sanción de la Ley que eliminaría los manicomios en Italia manifestaba: una vez realizada esta superación –la del manicomio- y una vez lograda una ley que la sancione, se reduce la posibilidad de hacer coexistir la calidad del rol liberador claramente identificable en la lucha contra el manicomio con la necesidad, muchas veces expresada, de superar la función normalizadora implícita de todo operador psiquiátrico. (…)en el momento que la situación cambia los márgenes de lucha se van cerrando progresivamente, el poder le pide al técnico que racionalice mas su acción. Existe entonces el riesgo de caer en un compromiso, en una trampa” El riesgo que señalaba Basaglia se transforma en lo que hoy denominaríamos como nuevo proceso de inmunización relanzando la lógica del manicomio en un proyecto de control social mucho más amplio funcionando en Instituciones fragmentadas. Luego de la sanción de la ley en un reportaje dirá que la política no es una respuesta para la locura; sólo que, en un determinado momento histórico, el modo de mantener más abierta su demanda. Ahora, cuando los hospitales psiquiátricos han sido abolidos, sería un error hacer de ello la garantía de una nueva Fe y una nueva Identidad”[7]
               
                De Basaglia a nuestro tiempo han sucedido muchas cosas. Una de ellas es la enorme expansión de la clasificación diagnóstica y de la industria farmacéutica con nuevas moléculas para medicar aquello que hace 20 años a nadie se le hubiese ocurrido, ampliando la cantidad de población que posee “trastornos” lo que implica la multiplicación de demandas de tratamiento (recetas); el impacto de la “salud pública” es enorme porque siempre lo sufren aquellos quienes más lo necesitan;  a esto se le suma la destrucción de los lazos sociales provocada por la caída de los ideales que ha dejado  poca comunidad para alojar a quienes tienen perjudicado de por si su posibilidad de lazo… y si el “loco” además es “loco malo” el tratamiento comienza y termina con la violencia policíaca.

                En algunos lugares del país los procesos desmanicomializadores posibilitaron la transferencia de la mayoría los recursos de salud mental hacia otras áreas de la medicina:  La perdida de presupuesto propio -  la dirección de los HIGA decide como se distribuye el dinero y los cargos - y la pérdida de gran parte de los planteles profesionales destinando las nuevas designaciones a otros servicios trajo como correlato el abandono progresivo de la posibilidad de acceso a tratamiento psicológico de los pacientes, dejándolos a su suerte y en el mejor de los casos  a la buena voluntad de las cooperadoras hospitalarias cuando destinan algún dinero para que los pacientes puedan participar de algún tipo de actividad generalmente en manos de voluntarios (profesionales o no profesionales) que por altruismo o necesidad de hacer experiencia brindan parte de su tiempo. En otros lugares en nombre de la “desmanicomialización” se cambió legislación y el proyecto de salud pero sin recursos humanos destinados a tratamiento, produciéndose un reduccionismo ideológico no – inocente que redunda en un ahorro de dinero para las arcas gubernamentales. En los distintos casos  la orientación de la tarea ha sido la homogenización y cuando no se ha producido abandono de las personas a su suerte, se ha multiplicado el control de los individuos mediante distintas pequeñas - instituciones: el hospital de día con hogares organizados - horarios y actividades - sumados a pequeños hogares - en la práctica pequeños geriátricos que no reúnen ningún tipo de condición sanitaria con la complicidad de que el nivel de gobierno que debe controlar es el contratante - donde viven los pacientes depositándose la responsabilidad de la vigilancia y castigo con el desentendimiento “oficial” del sistema de salud… el manicomio no deja de existir, se multiplica y por su tamaño se traslada a una comunidad cada vez más “manicomializada”.

                El control médico – psicológico ha avanzado hacia áreas que anteriormente eran incumbencia de la justicia convirtiéndose en encargado el encargado de “prevenir” por un lado y “vigilar” a las personas en sus procesos de “normalización”. Llama la atención la cantidad de recursos destinados al “tratamiento” con la cantidad de profesionales que conforman los equipos de “control” en minoridad, violencia, género, patronato de liberados, etc superan enormemente la cantidad de profesionales dedicados a la atención pública, produciéndose en el caso de la emergencia subjetiva, la derivación al vacío...  En la práctica se está constituyendo una “dispositio” donde psicólogos, asistentes sociales, médicos, operadores comunitarios, enfermeros, etc son encargados de controlar poblaciones siendo escasos los efectores de salud que brinden tratamiento. Aquello que Basaglia temía ya ocurre en nombre de la “desmanicomialización” y/o “desintitucionalización”, de allí que posiblemente el único “técnico” que ha quedado con posibilidad de generar alguna respuesta novedosa es aquel que está atravesado por el psicoanálisis.

                Con Jacques Lacan notábamos que en el Seminario sobre los cuatro discursos dictado en un tiempo donde la ideología absorbía al psicoanálisis le permitió ganar en especificidad  adelantándose a la época. Pensemos que hace pocos años Giorgio Agamben[8] al reflexionar sobre los dispositivos dirá que “Foucault llamó dispositivo a todo aquello que tiene, de una manera u otra, la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivos. No solamente las prisiones sino además los asilos, el panoptikon, las escuelas, la confesión, las fábricas, las disciplinas y las medidas jurídicas, en las cuales la articulación con el poder tiene un sentido evidente; pero también el bolígrafo, la escritura, la literatura, la Filosofía, la agricultura, el cigarro, la navegación, las computadoras, los teléfonos portátiles, y por qué no, el lenguaje mismo, que muy bien podría ser el dispositivo más antiguo…” Si subrayamos especialmente la hipótesis del lenguaje como primer dispositivo, llevamos la discusión a un campo donde el psicoanálisis lacaniano ha sido fecundo.

                Sin animo a agotar el tema y de acuerdo a las hipótesis que convienen al trabajo que un psicoanalista puede realizar en distintos dispositivos artísticos – artesanales; podríamos trazar un arco que se inicia en el escrito “La instancia de la letra en el Inconciente o la razón desde Freud”[9] donde Lacan plantea la materialidad del inconciente (y de allí su lugar en la ciencia) a partir de la materialidad del significante, suspendiendo el análisis de las relaciones del trabajo con el significante (alusión a la teoría de la mano y el trabajo en Engels) y  autorizándose en Stalin para quitar el lenguaje de la superestructura (por lo tanto no estaría sujeto a la partir lucha de clases). En el Seminario 11 abordará los conceptos de alienación – separación; en el Seminario de los cuatro discursos afirmará que “El lenguaje sin duda está hecho de lalangue. Es una elucubración de saber sobre lalangue. Pero el inconciente es un saber, una habilidad, savoir-faire con lalengua. Y lo que se sabe hacer con lalangue rebasa con mucho aquello de que puede darse cuenta en nombre del lenguaje[10] Será en el Seminario 23 - al decir de sus diferencias con Chomsky – donde planteará que no considera que el  lenguaje sea un órgano porque implicaría negar que se encuentra ligado a algo que agujerea lo real operando para capturarlo… y que no lo piensa ni partir de la mano ni del cerebro, sino de los pies… - manera fetichista de ordenar el mundo en un tiempo que se plantean las pêre-versiones

                Si bien en Espósito se encuentra un acercamiento a lo que es la falta, al agujero, a la nada en la que se funda la communitas; este no dispone de la teoría analítica para poder afirmar que la biopolítica por más que pretenda expandir y potenciar al sujeto siempre se encontrará perturbada por el síntoma, concepto que en Freud y en Lacan se define como aquello que se opone al Amo[11]. “El sentido del síntoma no es aquel con que se nutre para su proliferación o su extinción, el sentido del síntoma es lo real, lo real en tanto se pone en cruz para impedir que las cosas anden, que anden en el sentido de dar cuenta de sí mismas de manera satisfactoria (satisfactoria al menos para el amo) Lacan refuta a Chomsky partiendo de la triplicidad del nudo borromeo que “resulta de una consistencia que sólo está afectada por lo imaginario, de un agujero fundamental que proviene de lo simbólico y de una ex – sistencia cuyo carácter fundamental pertenece a lo real”[12] y se refiere a Joyce como aquel que “alcanzó con su arte , de manera privilegiada, el cuarto término llamado sinthome”

                Jacques Lacan se preguntará “cómo puede el arte apuntar de manera adivinatoria a sustancializar el Sinthome en su consistencia, pero también en su ex – sistencia y en su agujero?”… con estas coordenadas que hemos definido, nosotros nos preguntaremos ¿cómo un dispositivo artístico artesanal puede apuntar a  la pacificación del goce del Otro y posibilitar que se abra alguna vía para la constitución de un sínthome?    



[1] Michel Foucault. “Defender la sociedad”. Fondo de Cultura Económica
[2] Giorgio Agamben. “Homo sacer: el poder soberano y la nuda vida” Ed. Pre - textos
[3] Roberto Espósito: “Communitas. Origen y destino de la comunidad”. Ed Amorrortu
[4] Roberto Espósito: “Immunitas: Protección y negación de la vida”. Ed Amorrortu
[5] Roberto Espósito. “Bios. Biopolítica y Filosofía”. Ed Amorrortu
[6] Luis Tudanca. “De lo político a lo impolítico. Una lectura del síntoma social” Ed. Grama
[7] Mario Colucci – Pietrángelo Di Vittotio. Op. Cit
[8] Giorgio Agamben. Op cit.
[9] Jacques Lacan. “La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud” Escritos 1
[10] Jacques Lacan. “El Seminario 20. Aún” pag. 167. Ed. Paidós
[11] Jacques Lacan. “La Tercera”. Intervenciones y textos 2. Ed Manantial
[12] Jacques Lacan. “El Seminario 23. El Sinthome”. Ed Paidós.

Dispositivo y fuga. Segunda Parte


El discurso del Amo y el Dispositivo 

             Sobre fines de los 60 se produce lo que Matteo Bonazzi[1] denomina “inversión quiasmática”. Foucault publica “la arqueología del saber”[2] y Lacan dicta su Seminario “El Reverso del Psicoanálisis”[3]  

                Uno de los conceptos centrales que marcarán a la forma de pensar a las instituciones y sus relaciones con el poder es el de Dispositivo. Según refiere Giorgio Agamben[4] sobre fines de los 60’ anterior a la escritura de “la arqueología del saber” Foucault utilizará inicialmente el término positividad siendo su origen el ensayo de Jean Hyppolite “Introducción a la filosofía de la historia de Hegel”, localizándolo en la división que realiza Hegel entre la Religión positiva y la religión natural. La religión positiva o histórica “abarca al conjunto de creencias, reglas, ritos que se encuentran impuestos desde el exterior a los individuos en una sociedad dada, en un momento dado de su historia (…) implica los sentimientos que están más o menos impresos por obligación en el alma; las acciones que son efecto y mandato y el resultado de una obediencia y que son llevadas a cabo sin interés directo”[5]  La dialéctica de la libertad y del mandato se reduce a la oposición naturaleza – positividad. En una entrevista de 1977 Foucault definirá al Dispositivo como “conjunto resueltamente heterogéneo que compone los discursos, las instituciones, las habilitaciones arquitectónicas, las decisiones reglamentarias, las leyes, las medidas administrativas, los enunciados científicos, las proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas. En fin entre lo dicho y lo no dicho, he aquí los elementos del dispositivo. El dispositivo mismo es la red que tenemos entre estos elementos (…) Por dispositivo entiendo una suerte, diríamos, de formación que, en un momento dado, ha tenido por función mayoritaria responder a una urgencia. De este modo el dispositivo tiene una función estratégica dominante (…) He dicho que el dispositivo tendría esencialmente una naturaleza esencialmente estratégica; esto supone que allí se efectúa una cierta manipulación de relaciones de fuerza, ya sea para desarrollarlas en tal o cual dirección, ya sea para bloquearlas, o para estabilizarlas, utilizarlas. Así, el dispositivo siempre está inscrito en un juego de poder, pero también ligado a un límite o a los límites del saber, que le dan nacimiento pero, ante todo, lo condicionan. Esto es el dispositivo: estrategias de relaciones de fuerza sosteniendo tipos de saber, y sostenidas por ellos”.

                Para Foucault los dispositivos crean al sujeto a través de un procedimiento de sometimiento y objetivación. El subiecti a diferencia del esclavo, es súbdito en tanto acepta obedecer a quienes le someten. El dispositivo - condición de la subjetivación - genera un proceso circular en el que la salida de uno de ellos se realiza a través del pasaje a un nuevo dispositivo; o como en la contemporaneidad a una multiplicación de los mismos, donde al decir de Agamben[6] nos encontraríamos con subjetividades múltiples. Es interesante que Giorgio Agamben[7]  -idea que a su vez es rescatada por Espósito[8]-  señale el origen del término dispositivo en la idea cristiana de oikonomía entendida como administración y gobierno de los hombres ejercidos por Dios a través de la segunda persona de la Trinidad, Cristo. El hecho de pensar al dispositivo como una pluralidad de carácter trinitario nos abre la posibilidad de trazar algunos puentes con RSI, ya que como el propio Lacan dijo “El hombre y no Dios es un compuesto trinitario”…

                Del lado de la psiquiatría desmanicomializadora, sobre fines de los 60 se produce un afianzamiento ideológico. La consigna de Basaglia “es preciso poner entre paréntesis la enfermedad mental” será interpretada como negación de la misma cuando pareciera que se trataría de abolir el manicomio para repreguntarse ¿qué es la locura? Una serie de contradicciones se presentarán en el proceso desmanicomializador[9]:

-          La necesidad de una organización y la imposibilidad de concretarla
-          La necesidad de un sistema al qué referirse, para poder trascenderlo y destruirlo
-          El deseo de generar los acontecimientos “desde arriba” y esperar que surjan “desde abajo”
-          La búsqueda de una relación igualitaria entre el equipo terapéutico,  los pacientes y la sociedad donde el rol del hospital sea compartido por todos, especialmente por los propios enfermos que se organizarían de forma comunitaria para ayudarse mutuamente

                Jorge Alemán, en un breve texto publicado en el diario “Página 12”[10] refiere como en los 70 (podemos considerar desde fines de los 60) todas las prácticas fueron afectadas por la política de la época, y el psicoanálisis no fue una excepción. En los esfuerzos iniciales de vincular a Freud con Marx, y en los posteriores de inscribir el psicoanálisis dentro de las prácticas sociales pasando de la idea del inconciente como teatro a la del inconciente como fábrica. Quizás por la clara visión de los sucesos de su tiempo, Jacques Lacan titulará a su Seminario “El reverso del psicoanálisis” para diferenciar allí síntoma social de síntoma analítico- Dirá que en el síntoma social todos somos proletarios mientras que en el síntoma analítico se trata de lo singular del sujeto. La invención de los “Cuatro Discursos” en una época de la Ideología Toda especifica que con relación al síntoma social tres de los cuatro discursos (Amo, Histérica, Universitario) son su escritura, permitiendo ordenar lugares y estabilizar los términos discretos[11] (el sujeto, los significantes) como el término heterogéneo (el objeto a) que participan de la trama comunicacional. El discurso del analista se plantea como excepción ya que no tiene pretensión de verdad ni de dominación no siendo un discurso que organice un mundo[12]. La no pretensión de universalidad del discurso del analista le permitirá a Lacan decir que las revoluciones siempre terminan con un Amo.

                Debemos notar que no es menor la diferencia entre el sujeto producto del dispositivo de Foucault y la noción del sujeto en Lacan, y esto no es sin consecuencias. Para Lacan el sujeto no es un dato sino una discontinuidad en los datos, no coincide con el yo (moi), el fantasma y el síntoma localizan y estabilizan el goce, la rectificación de las relaciones del paciente con la realidad implica una localización respecto de su posición con lo real a lo que solo podemos aproximarnos por el dicho, en la rectificación subjetiva de la queja por los demás se pasa a la queja por uno mismo… como las mismas fórmulas de los cuatro discursos lo señalan, el discurso del analista es el reverso del discurso del Amo, siendo el único que puede alojar a los síntomas particulares implicados en cada uno de los otros tres discursos; lo mismo sucede con las formaciones sintomales que sostendrán al parletre por fuera del discurso.




[1] Matteo Bonazzi  “El lugar político de lo contemporáneo”. Ed Grama.
[2] Michel Foucault “La arqueología del Saber”. Ed Siglo XXI
[3] Jacques Lacan “El Seminario 17. El reverso del psicoanálisis” Ed Paidós
[4] Giorgio Agamben “¿Qué es un dispositivo?. Rev. Sociológica Número 73. Año 2011
[5] ibid
[6] Giorgio Agamben. “Qué es un dispositivo”
[7] Ibid
[8] Roberto Espósito “El dispositivo de la persona” Ed Amorrortu
[9] Mario Colucci – Pietrángelo Di Vittotio. Op. Cit
[10] Jorge Alemán. “Yo siento que falta algo” http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-200074-2012-08-02.html
[11] Samuel Basz. “Discurso” en “Scilicet. Semblantes y Sinthome”, Ed Grama
[12] Samuel Basz. “Discurso” en “Scilicet. Semblantes y Sinthome”, Ed Grama

Dispositivo y fuga. Primera parte



 El síntoma resiste al Amo

            Desde la promulgación de la Ley 26.657 se ha planteado el surgimiento de un “cambio de paradigma” en “Salud Mental”. La prohibición de la creación de nuevos “manicomios” promoviendo lugares alternativos de internación y atención, servicios de inclusión sociolaboral, atención domiciliaria supervisada, apoyo a grupos familiares y comunidades, casas de convivencia, familias sustitutas, etc; constituyen el eje de una nueva modalidad por la cual se ha venido luchando desde hace muchos años y que implicaría un avance en la atención y los derechos.; sin embargo no debemos perder de vista que en nuestra época existe una creciente categorización de “enfermedades mentales” (DSM) en alianza con la industria farmacéutica que ofrece fármacos para cada categoría ampliando enormemente la cantidad de “enfermos”, lo que implica que quizás los muros del manicomio se derrumban pero para extender sus fronteras hasta cada uno de los hogares de los – cada vez mas -“enfermos”, lo que implicaría una mutación del internado hacia el reforzamiento del control social de las poblaciones facilitado por las categorías de enfermedad, el fármaco y el control médico - estadístico.

                Sería conveniente realizar un breve recorrido relacionando algunas corrientes teóricas con el psicoanálisis para preguntarnos si en la actualidad la anulación de los “manicomios” implica necesariamente la caída de la manicomialización o nos encontramos ante una mutación y especialización de la misma acorde a una época marcada por el biopoder y el abordaje farmacológico de las poblaciones. Si algo de esto sucede - como en cada viraje del discurso del Amo – es importante repensar la posición de los analistas que trabajan en Salud Pública o regulados por diversos dispositivos de abordaje, para orientar la práctica de una forma que convenga.

                En este breve abordaje histórico relacionaremos algunas corrientes críticas guiándonos por tres lógicas organizadoras de distintos momentos: El giro político de los 60’: la crítica sobre el poder El discurso del Amo y el Dispositivo – Síntoma y Biopolitica

El giro político de los 60´: la crítica sobre el poder

                La Segunda Guerra Mundial, el holocausto del pueblo Judío, el genocidio del pueblo Armenio, las purgas Stalinistas – entre otros horrores – no fueron sin consecuencias para cómo se comienza a pensar el mundo a mitad del siglo XX. Roberto Espósito[1] señala que la noción de Persona (en su triple matriz teológica, jurídica y filosófica) se constituirá en eje  de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 como forma de intentar reconstituir la conexión entre el derecho y la vida, de allí en más se produce una irradiación a las ciencias más allá de que “la noción de persona no está en condiciones de subsanar el extraordinario hiato entre vida y derecho, entre nomos y bios, porque es ella misma la que lo produjo”[2]

                Sobre la década del 50 y comienzos de los 60 adquiere una dimensión muy importante el problema del poder. Jacques Lacan lo introduce directamente en el título de uno de sus escritos más leídos:”La dirección de la cura y los principios de su poder”[3] reconociendo que en la cura el analista detenta un poder pero ¿qué es lo que hace con él? Por lo pronto plantea un lugar para el analista que no sea el del padre, lo que implica otro estatuto para el sujeto llevándolo a distinguir el deseo del psicoanalista de la contratransferencia.  A partir de este deseo singular se apuntará al real que causa el deseo en el analizante para trabajar provocando la máxima diferencia entre el Ideal y lo que denomina objeto a. En “La ética del psicoanálisis”[4] concluirá que si el Otro no existe respecto de mi goce no queda más que cargar con la culpa sobre yo (je), ya que de lo único que uno puede ser culpable es de ceder a su deseo.

                1961 es un año donde aparecen una serie de textos sobre la enfermedad mental y el poder, que marcarán los debates de toda una época (y que aún hoy son referencias obligadas). Erving Goffman publica “Internados”[5], Michel Foucault su tesis doctoral “Historia de la locura en la época clásica”[6], Franz Fannon “Los condenados de la tierra”[7] y Thomas Szasz “El mito de la enfermedad mental”[8].

                Goffman va a plantear a la Institución Total como un depósito de seres que perdieron su condición humana. En el Manicomio todos los aspectos de la vida de la persona se desarrollan en el mismo lugar y bajo una única autoridad. Las actividades se realizan en conjunto, el trato y la actividad es homogénea. La actividad diaria está programada, secuenciada y normatizada… el no – hacer también es parte del programa. Las actividades se organizan en un Plan creado para lograr los objetivos propios de la institución. Goffman dice que “los pacientes mentales pueden encontrarse por el peso de un Ideal de servicio que a las personas no allana la vida” y esto se ve claramente en los ideales sanitarios –higiénicos, alimenticios, conductuales y sociales - que se convierten en exigencia para los internos

                Michel Foucault publica su tesis doctoral “Historia de la Locura en la Época Clásica”, “El Nacimiento de la Clínica”[9] y “Las Palabras y las Cosas”[10], que podrían caracterizarse como estudios de campo. La primera trata el proceso histórico social de cómo el loco se transforma en enfermo mental, objeto de estudio de la psiquiatría. La segunda de las condiciones que posibilitaron el discurso de la clínica y el conocimiento del sujeto enfermo. Y la tercera, constituye una arqueología de las ciencias humanas. La Sociedad Disciplinaria planteada por Foucault  se ocupa de la vigilancia, control, corrección y normalización del loco incluyéndolo forzadamente mediante el secuestro institucional de su cuerpo y su tiempo personal.

                Por su parte Franz Fannon en “Los condenados de la tierra” afirma que el proceso de curación es una “deshumanización sistematizada” siendo el acto terapéutico por excelencia la aceptación del sistema. Opina que el psiquiatra en tanto testigo de la experiencia de internación y de quienes son despojados de voz y saber no le queda otro camino que ser revolucionario. Cuestiona la relación médico – paciente como relación de poder definida por el sistema, compara el sistema manicomial con el colonial donde la relación sería la del conquistador y el colonizado.

                Thomas Szasz en “el mito de la enfermedad mental” planteará que la psiquiatría se dedica a la descripción de conductas perturbadoras y las nombra como enfermedades cuando esto no puede ser probado científicamente, por lo que no serían verdaderas enfermedades. Ya en esa época cuestionaba el sistema de construcción diagnóstica de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM), donde a partir de propuestas y votos se definía – y así se lo sigue haciendo- las enfermedades mentales. En una conferencia que se encuentra en youtube se lo puede escuchar en el año 2007 diciendo que cuando él estudiaba las enfermedades mentales eran muy pocas y que en la actualidad ascendían a más de 300. Szasz denuncia a la psiquiatría como modo de control del Estado.

                En 1966 se publica la tesis doctoral de Georges Canguilhem titulada “Lo normal y lo patológico”[11] que pega en el centro de la idea de “normalidad”. Para Canguilhem la salud y la enfermedad no son entidades que se disputan el dominio de un ser vivo, sino distintas condiciones biológicas de un organismo. No existe una ciencia de “lo normal” sino ciencia de las situaciones y condiciones biológicas llamadas “normales”. Para Canguilhem no es posible primero crear la ciencia de la fisiología y luego derivar de ella la patología; no es posible definir lo normal como un hecho y no todas las diferencias entre lo normal y lo patológico son cuantitativas sino que también las hay de calidad. La salud no es la verdad del cuerpo sino la verdad de un cuerpo singular, no hay un universal de salud como verdad del cuerpo, lo único universal de la salud es lo social.”La enfermedad es la verdad del hombre, el síntoma es la verdad del hombre”. El discurso higienista (que se presenta como un saber caracterizado por prescripciones para proteger, asegurar y reforzar la salud) es básicamente una ambición de control socio – política –médico, señalando que “la salud pública se opone a la salud subjetiva”

                Franco Basaglia[12] es reconocido como uno de los padres de la desmanicomialización. Lo que no es tan conocido es en qué sustentó su práctica cuestión que no es sin consecuencias al menos en nuestro país, por lo que nos ocuparemos un poco más de su trabajo debido a la influencia de sus presupuestos en muchas de las prácticas desmanicomializadoras que lo utilizan como referencia, y en la Nueva Ley de Salud Mental . La pregunta que nos guiará en este momento es ¿cómo entiende la cura?

                Para Basaglia la lógica de un mundo sano y otro enfermo va contra una lógica de un mundo con multiplicidad de expresiones. La referencia a Jaspers en su humanización del paciente, su intento de acercamiento y comprensión, el cuestionamiento a la incomprensibilidad del esquizofrénico, marcaran un modo de abordaje donde se desplazará la mirada del mundo a cómo el mundo se le presenta al sujeto lo que da lugar a estructuras y modalidades diferentes con las cuales la existencia humana se presenta en el mundo. La influencia de Binswanger, Husserl y Heidegger no ocupan un lugar menor en este modo de entender al humano.

                Basaglia entiende como fundamental la dimensión de encuentro que permita conocer la modalidad existencial del enfermo no para evaluarlo y clasificarlo sino para conocerlo a través de su psicología y las leyes particulares que la gobiernan pudiendo observar al sujeto en su singularidad, fuera de la normalidad compartida… como vemos  hasta aquí difícilmente se pueda afirmar que el Proyecto Basaglia sea homogeneizante. Plantea dos momentos para la cura: (1) Comprensión y devolución de las potencialidades existenciales (2) Compensación estructural. El objetivo de la cura será que el individuo tome conciencia de sus perturbaciones y que pueda volver a la vida social de la que fue rechazado.

                En 1961 asume como Director del Hospital Psiquiátrico de Gorizia realizando una experiencia de desinstitucionalización:

-          Introduce fármacos en los tratamientos (clorpromazina) promoviendo el distinguir aquello que se relaciona con la enfermedad mental del deterioro producido por la institucionalización
-          Reeducación teórica y humana del personal
-          Reanudación de vínculos con el exterior
-          Derogación de barreras físicas (rejas, etc)
-          Apertura de puertas (open door)
-          Creación de un Hospital de Dia
-          Intenta organizar el hospital a la manera de una comunidad terapéutica (grupos de trabajo, club, escuela, elaboración de un periódico, vida de asamblea)

                En Gorizia se afirma que los institucionalizados no solo son los pacientes sino también los profesionales, por lo que se plantea una deconstrucción de la comunidad terapéutica. Las reuniones grupales son como un “lavado de cabeza al revés” donde se discute con los pacientes sobre la exclusión y falta de derechos. Su posición antiterapéutica muestra una extrema afirmación de la relación terapéutica[13] afirmando que “una relación debería ser  tanto más terapéutica cuanto más problemática sea la situación que viene a crearse por lo tanto, cuanto más alternativas estén presentes en el tipo de relación que se instaura” “en el juego comunitario están las contradicciones reales que son explotadas como posibilidades terapéuticas”. “El acto político reabsorbido como acto puramente técnico debe volverse político” dado que en el actual contexto social la ‘politización’ de la acción psiquiátrica sigue siendo aún “el único acto terapéutico permitido”. Colucci y Pietrángelo señalan que para Basaglia la politización es la única posibilidad de asumir la posición de testigo, de convertirse en sujeto ético, de abandonar la posición de quien “sabe”. Sólo en el caso de que la enfermedad sea puesta entre paréntesis “sólo desde ese momento, frente a esa desnudez, es posible intentar el reacercamiento del enfermo y de la enfermedad, antes de que una nueva ideología los recubra, escondiendo una vez más su verdadera naturaleza”. La puesta entre paréntesis de la enfermedad hasta tanto se cierren los manicomios, grito de lucha del movimiento desmanicomializador, paradójicamente terminó recubriendo la pregunta por la singularidad del sujeto que el propio Basaglia formulaba… y de eso él mismo se percató cuando surgió la Ley que se la conoce por su nombre.




[1] Roberto Espósito. “El dispositivo de la persona” Ed Amorrortu
[2] Ibid, pag. 59
[3] Jacques Lacan “La dirección de la cura y los principios de su poder” Escritos 2. Ed Siglo XXI
[4] Jacques Lacan. El Seminario 7: La ética del psicoanálisis. Ed Paidós
[5] Erwing Goffman “Internados” Ed Amorrortu
[6] Michel Foucault “Historia de la locura en la época clásica” Ed. Fondo de Cultura Económica
[7] Franz Fannon- “Los condenados de la tierra”. Ed. Fondo de Cultura Económica.
[8] Thomas Szasz.  “El mito de la enfermedad mental”  Ed. Amorrortu
[9] Michel Foucault. “El nacimiento de la clínica”. Ed Siglo XXI
[10] Michel Foucault “Las Palabras y las cosas”. Ed Siglo XXI
[11] Georges Canguilhem. “Lo normal y lo patológico”. Ed Siglo XXI.
[12] Mario Colucci – Pietrángelo Di Vittotio “Franco Basaglia”. Ed Perfiles
[13] Mario Colucci – Pietrángelo Di Vittotio. Op. Cit.