domingo, 14 de junio de 2015

Una lógica para el trabajo grupal (Primera parte)



Es común encontrarse que analistas de la orientación lacaniana realicen abordajes grupales tanto en Europa como en América Latina, cada uno de ellos con diversos objetivos. Muchas veces por razones de distintas demandas que desbordan a la salud pública, otras porque determinados significantes que circulan en lo social operan brindando la creencia de que gracias a ellos se podría lograr una especie de identidad grupal donde la semejanza sintomática y la “comprensión” de los pares, siendo este el motivo por el que alguien se acercará pensando en que solo por la conjunción de aquello de lo que padece evitará el encuentro con lo propio, aquellos disyunto que le damos el nombre de soledad del síntoma y punto de imposibilidad de representación. Gran parte de los abordajes grupales que circulan, a partir de un significante cualquiera que va desde el un arco que puede podría comenzar en las fobias y dar toda una vuelta hasta llegar al paradójico solas & solos, se organizan alrededor de la conjunción y no avanzan mucho más de allí, en una especie de “factor común” o “para todos” que anulan de forma engañosa la singularidad de cada persona, aquello que es disyunto, que pone el palo en la rueda de “lo grupal”.

Algunas nociones básicas para el abordaje grupal:

                Si un grupo se queda en el “para todos” es muy posible que se logre una cierta pacificación inicial producto de lo imaginario, pero su destino es el fracaso y en el peor de los casos el afianzamiento de los síntomas hasta tal punto que el sujeto pasa a formar parte de una comunidad de goce donde el significante que lo congrega ocupa el lugar del propio nombre: “Soy fóbico”, “soy anoréxico”, “soy solo”... Es necesario revisar algunos conceptos para entender que de un primer tiempo hay que pasar a otros que permitan a partir de la conjunción, la disyunción necesaria en la que el sujeto se encuentre con una pregunta propia, y con aquello que no enlaza. Las nociones que nos orientaran son las siguientes: La verdad, el tiempo, la configuración objetiva del grupo, la configuración subjetiva del grupo.

                Respecto de la verdad no la entendemos como un absoluto, sino como una verdad temporalizada que se produce no siendo inmutable. No nos orientamos por la oposición entre verdad y mentira, sino con la idea de que la verdad es variable.

                El tiempo ha sido un tema de gran importancia tanto en la ciencia como en la filosofía. La temporalidad en psicoanálisis no la entendemos como “duración”. Recordemos que Sigmund Freud planteará como una de las características de lo inconciente su permanencia en el tiempo mediante el mecanismo de “compulsión a la repetición” donde una y otra vez nos encontramos con lo mismo. Lacan dividirá dos tiempos, el primero donde entiende al inconciente como un saber al que denominará automatón y el segundo el inconciente entendido como sujeto que recibirá el nombre de Tyché, donde ubica al analista como testigo de una pérdida. Pasamos del inconciente de la repetición al inconciente sujeto como fenómeno discontínuo que tiene la temporalidad del relámpago.

                Al momento de definir lo que llamamos configuración subjetiva del grupo hacemos referencia a que en el desarrollo de los distintos tiempos del grupo nos encontramos por un lado con las identificaciones de cada uno de los sujetos y por otro con los distintos lugares que el sujeto va ocupando, definidos por Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” como modelo, objeto, auxiliar y rival. La compulsión a la repetición operará en contra de la producción de lo novedoso, estando una y otra vez en el mismo lugar, de allí la importancia de la posición del analista para que pueda suceder lugar alguna otra cosa.


                Respecto de la configuración objetiva del grupo tiene estrecha relación con lo que denominamos transferencia, la posición que ocupa el Sujeto supuesto Saber que introduce el tiempo de lo inconciente. Podemos decir que el grupo se articulará con la presencia del analista en el lugar de la pulsión.  Al ligarse la libido al analista a partir de la producción de nuevos sentidos se producirán modificaciones en ese trozo de real que es el inconciente, sólo a partir de esto nos encontraremos con la posibilidad de que el tiempo se articule en función de lo que denominamos inconciente sujeto  que como ya hemos visto no coincide con la repetición, sino con una pérdida. Jacques Alain Miller nos dirá que “El inconciente de la repetición es un inconciente intemporal u omnitemporal, mientras que la transferencia traduce la intromisión del tiempo en el saber y la introducción de algo que se llamará en Lacan el Tiempo Lógico, que es el tiempo lógico de la cura, el tiempo de la demostración de un real”

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